En esta oportunidad nos acercamos a uno de los principales iconos históricos de la cultura de la ciudad de Buenos Aires. Cargado de mucha(s) historia(s), el Estadio Luna Park es, aún hoy, uno de los más importantes escenarios de la cultura porteña.
Desde hace unos años, iniciaron un trabajo muy profesional para ordenar todos los registros existentes sobre todo lo que pasó por allí y por eso entrevistamos a Jonathan Palla[note]Jonathan Palla es Licenciado en Historia por la Universidad de Buenos Aires. Se desempeña como responsable del Centro de Documentación Histórica Stadium Luna Park. Además realiza estudios de posgrado en el programa de Doctorado en el Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES), especializándose en Historia Social y Cultural.[/note], responsable del Centro de Documentación Histórica Stadium Luna Park y encargado de llevar adelante esta ardua y apasionante tarea de reconstruir la historia.

¿Cómo nació la idea de rescatar la larga historia del Luna en un repositorio de fotos y papeles?
Jonathan Palla: En el 2011, al aproximarse el aniversario número 80 del estadio, los administradores pensaban cómo celebrarlo. Ya fuera a través de una muestra fotográfica u otro tipo de exposición, había que comenzar a organizar el material histórico que poseía el Luna y salir a buscar más a otros archivos. Ahí comenzó mi trabajo, clasificando, fotografiando, digitalizando, etc. Todo ese material era ordenado en una oficina en las instalaciones del Stadium y, de forma digital, en una web de uso interno que servía, a los que trabajábamos en el proyecto, para tener una idea de cuánto y qué íbamos consiguiendo. Buena parte de los documentos son de producción de la propia empresa, otros materiales los obtuvimos tomando imágenes en diferentes archivos y hemerotecas. Algunas fotos antiguas que nos habían cedido temporalmente para digitalizar, por ejemplo, las pudimos recuperar hace muy poco tiempo -aunque no todas ellas- y entonces realizamos réplicas para tenerlas no solo en formato analógico, sino en un soporte físico, en papel, y que su conservación no dependiera solamente de los software de lectura digital.

Pasado ese aniversario y viendo todo lo que teníamos, surgió la idea de continuar las tareas de búsqueda y organizar un archivo que funcionara de modo permanente para que fuera, de alguna manera, accesible a todo el público. Por entonces, en la facultad de Filosofía y Letras de la UBA, se ofrecía un seminario de archivistica. Decidí cursarlo, la empresa estuvo de acuerdo y fue fundamental para entender mejor qué trabajo podíamos realizar con el tipo de documentos que teníamos. Afinamos objetivos, herramientas y entendimos que lo que teníamos era más bien un Centro de Documentación. Desde entonces al material físico seguimos organizándolo en las instalaciones del estadio y se puede acceder a él de forma on-line. Somos consultados permanentemente por investigadores, periodistas, estudiantes y público en general, tanto nacional como internacional.

Ahora bien, tampoco podemos dejar de intentar al menos reflexionar sobre el ejercicio más amplio de rememorar en el que se enmarcó este proyecto. Lo digo porque en las últimas décadas han surgido varios archivos, museos y tantas formas de aniversarios, recordatorios y discursos sobre la memoria. Quizá como dice un profesor alemán, Andreas Huyssen, en medio de tanta rapidez mediática –y fijate la paradoja de que incluso indagar documentos desde una página web implica que casi no te tenes que mover y el acceso es inmediato- ante eso, dice Huyssen, la memoria aparece como un baluarte o una protección frente a lo que, cada vez más rápido, deviene obsoleto. Tal vez en la mitología porteña, el Luna Park mismo, aun con todas sus transformaciones, se le presente a la ciudad como un ancla.
¿Cuál es la importancia del Palacio de los Deportes para la ciudad de Buenos Aires?
Jonathan: El Luna es un mojón de la ciudad. Literalmente. Si miramos un poco alrededor vemos que, por ejemplo, colectivos y estaciones de subte lo señalan como su destino. Por supuesto, eso no es casual, porque el Luna Park se construyó como una estructura para la emoción de las multitudes. Primero como una feria de atracciones en la zona en la cual se construyó más tarde el obelisco, otro mojón. Y desde comienzos de los años de 1930 como un estadio o Palacio de los Deportes, como los que empezaron a poblar todas las grandes urbes de Europa y Estados Unidos. Cuando se inauguró el de Buenos Aires, la comparación obligada, ya sea para detractar o promocionarlo, era el Madison Square Garden de New York, que se había inaugurado en 1925.

Quien se presente ante estas tribunas colmadas, resalta su cualidad de Star. La mística se alimenta a su vez de otros mitos, puesto que su “alfombra roja”, por llamarla de alguna manera, fue recorrida por cantidad de personalidades de fama nacional e internacional
Estos nuevos Palacios se caracterizaron por su multi-funcionalidad, es decir la posibilidad de mover las butacas y el escenario de tal modo que el sitio pudiera adaptarse a distintos públicos y espectáculos y en particular algunos que fueron íconos de estos estadios cubiertos. Boxeo, ciclismo, patinaje sobre hielo, bailes, grandes actos políticos, etc. Esto tiene una manifestación particular y alcanza con tomar cualquier periódico de la gran prensa, desde el momento mismo de su inauguración hasta hoy, para encontrar menciones sobre el Luna Park en todas las secciones: deportes, política, sociales, economía y por supuesto espectáculos. Y no solo allí, lo encontramos en otras manifestaciones artísticas y culturales. En la literatura (y estoy pensando en Cortazar, en Abelardo Castillo) o en cine también…

Claro que cuando uno compara, encuentra que el Madison, surgido en medio del boom económico de los años 1920 y en una economía de una escala de gran magnitud, en su primer mes de vida realizó todos esos espectáculos característicos. El Luna surgido en medio de la crisis de los años 30, y en una economía como la nuestra, completó ese proceso finalizada la segunda guerra mundial, cuando pudo importar los materiales para construir su anhelada pista de hielo, en la que exhibió primero el Carnaval en el hielo y ahora, en unos días, nuevamente el Disney on Ice. Entonces al comenzar la década de 1950 lo que diríamos la parte del campo del estadio había completado esas transformaciones: picadero, salón de baile, pista para bicicletas, cancha de básquet, tribuna política, ring y pista de hielo.
Pero el Luna también es un espejo de la historia argentina y un lugar de lo popular…
Jonathan: Depende a qué te refieras con lo de “espejo”. Está claro que el Luna como cualquier producto humano no escapa a su contexto histórico social. En ese sentido el Luna es un artefacto que está incluido en la historia nacional, pero la idea de que se pueda ver de forma transparente o cristalina la historia argentina a través de sus carteleras es una idea complicada. También es cierto que en la matriz cultural, su mística lo ha convertido en una meta y un espacio de consagración para atletas, artistas y líderes políticos. Quien se presente ante estas tribunas colmadas, resalta su cualidad de Star. La mística se alimenta a su vez de otros mitos, puesto que su “alfombra roja”, por llamarla de alguna manera, fue recorrida por cantidad de personalidades de fama nacional e internacional. Entre sus tribunas se realizaron actos políticos y artísticos del más variado color ideológico, se realizaron espectáculos de bailes y conciertos de todos los géneros musicales, en su ring combatieron campeones mundiales y luchadores de catch, obras dramáticas y enormes circos.
Quien se presente ante estas tribunas colmadas, resalta su cualidad de Star. La mística se alimenta a su vez de otros mitos, puesto que su “alfombra roja”, por llamarla de alguna manera, fue recorrida por cantidad de personalidades de fama nacional e internacional

Hacia finales de los 80, con el regreso de la legalidad democrática, y casualmente cuando el estadio dejaba de ser la meca del boxeo latinoamericano, el Teatro Colón y el Luna compartieron cartelera bajo una serie de producciones con el título, y la gráfica literal, de “el Teatro Colón en el Luna Park”. La prensa del momento entonces se maravillaba de que en el sitio de lo popular por excelencia, las multitudes pudieran gozar de programas de óperas y ballets que se creían exclusivos del Colón. Pero en realidad en el Luna se organizaron funciones de ópera desde 1932. Y los músicos del Colón también se ganaban la vida tocando simultáneamente en el estadio ya desde aquel momento. La cuestión es ver cómo se advertía eso en un momento y cómo es significado en otro tiempo. Entonces en el Luna se construyen ciertas “escenificaciones” de la historia y quizá por eso mismo, más que un espejo, sea un laboratorio privilegiado para indagar y reflexionar algunas cuestiones más amplias, porque ¿qué es la cultura popular? ¿Es lo mismo popular que masivo? ¿Cuánto hay y cuanto no hay de elaboración propia en las identidades populares? ¿Hay intersticios?

Comments

comments